domingo, 23 de enero de 2011

Ventaja saque


Entró al salón y saludó a su amiga por el cumpleaños. Llegaba tarde. Llegaba tarde y no conocía a nadie. Sabía antes de tocar a la puerta que corría el riesgo de no encontrar ya ningún resago de fiesta, pero sólo se encontró con la desventaja de un par de horas de tragos. Vió el lugar, se lo presentaron. Vió la gente, se la presentaron. Como siempre en esto todos pasaron de ella y siguieron ensalsados en sus conversaciones. Luego de 10 minutos de entablar conversación con alguien en un idioma que iban improvisando paso a paso decidió cambiar tres veces de conversación... de conversación y de interlocutores. Al final se quedó con él. Él la escogió y decidió no despegarle ojo en ningún momento de la noche. Ella simplemente se sintió cómoda. Al final de la fiesta ella era algo indescriptible para él, y se preguntaba por qué había aparecido recién ahora si mañana era su último día, dónde había estado escondida todo este tiempo, todos estos años. Él era el par de ojos más bonitos que ella jamás había besado, pero seguía sin entender por qué él disfrutaba tanto cada beso, qué estaba haciendo mal para no entenderlo, qué estaba haciendo mal él para no dejarla igual de hipnotizada.

Se desencantó al pensar que simplemente el tener la ventaja de poder escoger la ponía en una situación de mucho riesgo, mucho riesgo para ella misma. Ya no podía fiarse de la primera impresión, de lo difícil de la conquista o de lo frágil que el otro se sintiera. Necesitaba un criterio más duro, más estricto. Se dió cuenta de lo que era ella para los ojos de todos los hombres. Esa imagen de ángel suspendido a 3 cm del suelo iluminando la sala a su paso se le antojó ridícula. Era ella, simplemente ella, la de siempre, la de toda la vida, la que había sufrido los mismos traumas que los demás de pequeña: tener hambre, no saber hablar, llorar, hacerse pis en la cama, tenerle miedo a la obscuridad, leer mal una poesía en el cole frente a todos, y todos esos etc. que se le pudiesen ocurrir. Se dió cuenta en ese momento que ahora era ella quien decidía, era ella la que tenía el poder de decir si la chica más bonita de la fiesta hablaba con uno o con otro, era ella la que decidía con un simple pulgares arriba o abajo, ella era el poder.

Un gran poder implica una gran responsabilidad; pero descubrió alli, en los ojos de él, que sólo con consecuencias en su propia vida. Él deambularía por su vida encontrando mujeres bonitas, pero con su certeza de que ninguna lo miraría, no a él. Ella, en cambio, deambularía por la vida encontrandose con gente deseosa de que ella se detenga en cualquier momento y baje de esa plataforma invisible de 3 cm para invitarlos a subir a dar un paseo. Descubrió allí, en esos espejos color mar, llenos de vida y de esperanza, que no tenía ni idea de lo que quería, y que necesitaba urgentemente saberlo.


nEgRo


N. del R.: Tampoco podía entender lo otro, eso de que sean tantos y tan ciegos. Que sean tantos los que se mueren de ganas porque algún día uno de esos pocos ángeles que pasean por ahi se detenga a su lado para invitarlos a dar una vuelta en su plataforma invisible. Que sean tantos y con tanto deseo, tantos y con tanta esperanza, tantos, sin ver el hermoso par de alas que tienen en su propia espalda.


"[...]Parlare in una macchina davanti a un portone,
ed alle quattro e mezzo fare colazione
con i cornetti caldi e il caffelatte,
e quando sorge il sole dire buonanotte[...]"

Jovanotti
"Gente della notte"
fragmento.

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